La envidia es la religión de los mediocres, los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro, en último término les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y las puertas del cielo solo se abriran para los infelices como ellos, que pasarán por la vida sin dejar mas huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu,mente y redaños.
Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá.
A los fideistas valedores de un cenotaño que prescitos en su atavismo enfatizan, mitómanos del epilogismo tábido por su anosmia nugatoria occisa me hallan renuente sobre el borrajo de su ínfula
Unívocos en su deletérea estulticia por su ablepsia son del pálpito súbucos hueros en el remusgo de los impróvidos y prosélitos de un manumiso en el túmulo.
Mas quedos en su glatinosa Parusia cual zupia de undosa purrela, roznan su novilunio parvífico y confutan con zurridos sus trenos.
Allá donde el almo es genitor apócrifo glauco ó tal vez caliginoso envero, allá donde vestiglo es liróforo esméctico en su jipiar hialino e ignavo de la cacosmia de su libamen ...
... donde el ábrego es apulótico y acezo y el clangor sobre Ponto es Pristino, donde el dilúculo abroga el lampo y son lucífugas y mesméricas las Oréades.
Si es vesánico y acerbo el partiquino, si es la mántica lábil, atrita o silente invocad a Ilapa desde vuestra aponía y colmad de aseidad al tultivo mengue.
En el comedio del fucilazo prorrumpe el dies irae y me hallo atrafagado, coadyuvante de Sísifo, en el anublo Circe es venusta en la deprecación en monódico Hades.
Más allá de lo centrípeto y centrífugo concomitantes de la exegénesis sornática el mueso de optima sindéresis es como garla con Academo en mi engástula
Y emético por la ahitera de gatuperio yazco periático en la gravedad cáustica y moro con Pirítxo en su tremer sempiterno.
A veces me pregunto qué sería de mí sin ellos; o por el contrario qué no sería. Me considero afortunado. Tengo pocos, si. Pero los mejores. Ahora hago un alto en mi camino y pido al resto esta licencia: de entre vosotros, dejad que destaque a
Fabi
Somos amigos desde mi ingreso en R.E.N.F.E allá por el ´82. En efecto,toda una vida. Nos unió la música, él: jazzero yo: heavy Más antagónicos imposible pero ... ocurrió. En definitiva y resumiendo: La amistad bien entendida y como tal, ese preciado tesoro, como al frágil pajarillo; hay que cuidar, mimar y conservar impoluta cada día. Eso pienso y en ello creo ... ciertamente.
A veces se quiere a quien no se debe; otras sin embargo, te quiere joder quien no puede
La bandera japonesa representa el círculo del sol sobre un fondo blanco. Su origen tradicional se remonta a Amaterasu Omikami, que en la mitología japonesa es la diosa del sol, Hi no Mikami, y que es además origen de la familia imperial japonesa. Wakatsuki escribe: "Nuestra bandera nacional, que lleva un sol rojo brillante sobre un fondo blanco como la nieve, simboliza la gran virtud de la diosa Amaterasu. Es un emblema muy puro, cuya hermosa sencillez conviene perfectamente a nuestro país y que debe considerarse como el memorial de los orígenes de nuestro pueblo. Representa la constitución de nuestra patria". El símbolo del sol se utilizó profusamente en la historia japonesa asociado, en principio, a la familia imperial. El emperador Keiko (s. I d.C) lo portaba en su barco como bandera. La emperatriz Jingo, esposa del decimocuarto emperador, lo empleó en insignias militares. De hecho era un tema repetido tanto en estandartes como en abanicos de guerra (tessen) y banderas del uniforme de los soldados (sashimono). La emperatriz Suiko, a finales del siglo VI mandó poner las imágenes del sol y la luna en la bandera imperial, usandose en las grandes celebraciones. Duante las Guerras Gempei (1180-1185), al final del periodo Heian, que enfrentaron a los dos grandes clanes Minamoto y Taira por el control de Japón y que dieron paso al shogunado Kamakura (1192), ambos clanes usaron el hi no maru. Se atribuyó a Taira Kiyomori la hazaña de detener el curso del sol, con un gesto de su abanico de combate. Y que por ello las tropas Taira llevaban el emblema solar. KIMIGAYO, HIMNO NACIONAL Literalmente, el Reino de Su Majestad. Es el himno oficial japonés desde 1880 en que fué reconocido por la Casa Imperial, a partir de la versión de Hiromori Hayashi. La letra procede de un tanka de autor desconocido, incluída en el Kokinshu, antología compilada en el siglo X por Ki no Tsurayuki. Se ha modificado solamente el comienzo, de "Waga kimi wa" a "Kimi ga yo wa", para adaptarlo al caso. La traducción aproximada es: "Vuestro reinado, oh, Señor mil generaciones, ocho mil generaciones, hasta que las piedras se hagan rocas y en ellas brote el musgo". Todas las descripciones del carácter japonés que se han hecho durante los setenta y cinco años desde que el Japón abriera sus puertas al mundo van acompañadas de la frase "pero también son...", con una frecuencia nunca empleada al describir otra nación del mundo". Ruth Benedict. El Crisantemo y la Espada. Estas son palabras de una antropóloga norteamericana que inició durante la Segunda Guerra Mundial por encargo del mando militar de su país, el estudio de la cultura japonesa. Su libro El Crisantemo y la Espada, es ya un clásico entre la bibliografía dedicada a Japón. Aunque fué escrito en los años inmediatamente posteriores a la guerra es todavía vigente en muchos aspectos en tanto que su enfoque antropológico analiza los sustratos culturales más básicos, que tardan más tiempo en variar. Igualmente podríamos tomar las palabras del Padre Visitador de la Orden de Jesús, Alejandro Valignano, escritas cuatrocientos años antes. Los jóvenes japoneses de esta década quizá se comporten de una manera distinta a como lo hacía la juventud de hace cincuenta años, pero en determinadas situaciones afloran esquemas de pensamiento "arquetípicos", enraizados profundamente en la cultura de un país. Acceder a la forma de ser y de pensar de los japoneses se manifiesta como un reto para el occidental medio. Sin embargo se pueden repasar aspectos generales que nos den una idea de como son y quiza nos llevemos una sorpresa al ver que no estamos tan lejos como parece y que, si apartamos prejuicios y valoraciones etnocéntricas, podemos aprender muchas cosas para aplicarlas en nuestro propio entorno vital. Salvando las distancias, los casos particulares, estos podrían ser algunos de los ingredientes que podríamos utilizar si jugáramos a ser dioses y quisiéramos recrear un "japonés de laboratorio". El concepto de wa, la armonía, está presente en los sustratos más profundos de la cultura japonesa. En los gestos cotidianos, en el lenguaje, en los negocios, puede reconocerse el esfuerzo que un japonés hace por mantener un ambiente de armonía entre los presentes. Asimismo en la artesanía, los diseños decorativos y ambientales, en la disposición de las piedras y las ondulaciones en la arena de un jardín zen, hay una aspiración a conjuntar las partes para lograr un todo intangible y acompasado que sugiera y cree armonía. Podría decirse que es una piedra angular del pensamiento japonés, quizá proveniente de la religión shintoista, que influye todas las facetas de la vida y la relación interpersonal. Japón ha sido llamado "País de Wa", Yamato, en una lectura diferente de los kanjis, Gran Armonía. Se usa como prefijo para diferenciar entidades puramente japonesas de las procedentes de otros lugares: wafuku, ropa tradicional japonesa, en oposición a youfuku, ropa occidental; waon, música japonesa; wag